DEPRESIÓN. TRATAMIENTO
BASADO EN EL LOGRO DE OBJETIVOS
Autora: Celia
Antonini. Psicóloga Clínica
www.respuestasaladepresion.com
ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS.
Cuál
es la escuela, técnica o abordaje más efectivo para
tratar a un paciente con depresión?.
Desde cada escuela
se habla de diferentes factores psicológicos subyacentes
de las enfermedades mentales y como consecuencia directa de su formulación
se proponen diferentes alternativas terapéuticas, sostenidas
en la enorme diversidad de enfoques teóricos que interpretan
la realidad del comportamiento humano.
Cada psicólogo/a
utiliza el abordaje que lo hace sentir más cómodo
y mas seguro consigo mismo. No todos podemos aplicar los mismos
métodos debido a que cada uno de nosotros tenemos características
de personalidad que a la hora de ponernos a trabajar resultan ser
un factor diferencial en el estilo de abordaje del paciente.
Este trabajo
no está enmarcado en una escuela en particular. Mi enfoque
sobre el tratamiento de la depresión es integrativo, tomando
de cada escuela y estilo de abordaje aquellas formulaciones que
me han ayudado a realizar una estrategia de tratamiento que me permite
lograr los resultados buscados.
La depresión (en todas sus formas) afecta el sistema de pensamiento
del paciente, alterando los procesos cognitivos y/o distorsionándolos
en mayor o menor medida.
Las depresiones
leves son tratadas con psicoterapia, mientras que las depresiones
moderadas y graves sin síntomas psicóticos necesitan
de antidepresivos y psicoterapia en forma conjunta para poder revertir
por completo el trastorno depresivo.
Los antidepresivos modifican y mejoran el estado anímico
en general, sin cambiar la manera de pensar y de solucionar las
conflictivas que presenta un paciente con depresión. Debido
a ello un paciente con depresión y sin un tratamiento psicológico
adecuado no tiene la posibilidad de revertir el sistema de pensamiento
que lo ancla y lo mantiene en la depresión.
Vemos a diario
en la práctica clínica a pacientes que han tomado
antidepresivos como único tratamiento y que llegan a la consulta
presentando un importante grado de malestar y sufrimiento mental
A la inversa sucede lo mismo. A un paciente con un trastorno depresivo
mayor, realizar únicamente un tratamiento psicológico
le resulta insuficiente.
.
Las depresiones moderadas y graves necesitan de ambas terapéuticas
en forma conjunta para obtener el resultado esperado.
El tratamiento
psicológico de la depresión consiste en mostrarle
al paciente las distorsiones cognitivas y darle los elementos necesarios
para revertir esos procesos mentales. El proceso por el que transita
el paciente se podría comparar con la secuencia de aprendizaje
que se realiza cuando se aprende un idioma extranjero.
METODOLOGÍA
DE TRABAJO BASADA EN EL LOGRO DE OBJETIVOS
En los años de trabajo que llevo en la atención de
pacientes con depresiones, desde leves a severas, he podido aplicar
una forma de abordaje que me ha permitido avanzar más rápidamente
en el tratamiento de la enfermedad.
Este abordaje puede ser utilizado siguiendo cualquiera de los enfoques
teóricos que dan cuenta del comportamiento humano. De esa
forma un profesional no se ve forzado a seguir los lineamientos
y el marco teórico de una escuela que no sea la de su elección.
Esta manera de trabajar focaliza la atención del terapeuta
en la consecución de determinados objetivos a cumplir, algunos
de manera secuencial, durante el transcurso del tratamiento.
Las diferencias de estilo de abordaje del terapeuta y del marco
teórico que utilice serán los que determinen el tiempo
que le llevará alcanzar cada uno de los objetivos abajo mencionados.
La consecución
de objetivos para el tratamiento de la depresión está
dividida en 3 etapas.
ETAPA
1
DETENER
LA CAÍDA.
En la depresión
trabajamos contra reloj. Los pacientes sumidos en la enfermedad
están expuestos a una sensación de caída y
de agravamiento de los síntomas de manera constante.
El principal objetivo de esta etapa es entonces, detener el proceso
de caída que presenta un paciente con depresión, para
ello es necesario alcanzar los siguientes objetivos:
- que el paciente
se sienta comprendido en su dolencia,
- que el paciente
comprenda lo que le sucede,
- crear un
vínculo paciente-terapeuta y formar un equipo de trabajo
- convocar
a los familiares del paciente.
QUE EL PACIENTE SE SIENTA COMPRENDIDO EN SU DOLENCIA.
La depresión
es como estar caído en un pozo con paredes resbaladizas,
desde donde el paciente siente que aquellos que están en
la superficie y en tierra firme le dicen al enfermo que está
equivocado en su forma de pensar o que no tiene motivos justificados
para sentirse de esa forma o que fácil salir del lugar donde
se encuentra.
Las personas que lo rodean difícilmente comprenden la oscuridad
y la soledad en la que está sumergida una persona que sufre
depresión. A esta situación se le agregan los días
en que el paciente siente que sigue cayendo y en donde la imposibilidad
de salir es el única sensación cierta que lo acompaña.
Para tratar
a un paciente deprimido hay que comprender el infierno al que se
halla expuesto. Andrew Solomon es un escritor que sufre de depresión
desde hace muchos años y que con una claridad sorprendente
describe sus vivencias de la enfermedad. En su libro "El demonio
de la depresión" dice: " En la depresión
todo lo que está ocurriendo en el presente es la anticipación
de un dolor futuro....La depresión es una situación
casi inimaginable para alguien que no la ha conocido". Más
adelante agrega: "Cuando estamos sufriendo una depresión
se nos dice de modo constante que nuestro juicio está comprometido,
pero parte de la depresión consiste en que afecta el área
cognitiva. Si hay temas que uno ha logrado rodear o evitar durante
años, en ese momento vuelven a aparecer y se plantan frente
a uno, y un aspecto de la depresión es la profunda convicción
de que los médicos que intentan tranquilizarnos y nos aseguran
que nuestro juicio es incorrecto, están equivocados, porque
uno se halla en contacto con el horror real de su vida".
"Cuando uno está deprimido, el pasado y el futuro quedan
por completo absorbidos por el presente, como ocurre en el mundo
de un niño de tres años. Uno no puede recordar un
tiempo en el que se haya sentido mejor, al menos con claridad y
además no puede imaginar un futuro en el que se sentirá
mejor" (1)
Con ese sentimiento
el paciente arriba a la consulta y con la necesidad de sentir que
alguien entiende por lo que está pasando.
Decíamos
que la sensación de incomprensión de una persona que
sufre de depresión es constante. No hay paciente que no se
sienta incomprendido, por su familia, sus amigos, sus compañeros
de trabajo y hasta en ocasiones por su médico tratante.
La mayor parte
de mis pacientes han llegado a la consulta después de mucho
tiempo de sufrimiento, raramente alguien realiza una consulta temprana.
En general han pasado meses y hasta años antes de reconocerse
deprimidos o reconocer que no pueden salir por sí mismos
del estado en que se encuentran. .
Cuando el paciente
llega a la primera consulta y puede salir del consultorio sintiéndose
comprendido en su dolencia habrá alta probabilidades de que
comience el tratamiento y no lo abandone.
Para ello el
profesional debe tener una actitud contenedora y comprensiva con
el paciente, expresando abiertamente que sabe por lo que el paciente
está pasando en ese momento, que comprende el nivel de sufrimiento
que padece y que su estado actual está dentro de lo esperable
para el grado de depresión que presenta.
.
QUE EL PACIENTE COMPRENDA LO QUE LE SUCEDE
Cuando el paciente
llega a la consulta relata los síntomas que presenta, en
forma espontánea o como respuesta a las preguntas que le
realiza el profesional. Los síntomas que presenta están
relacionados con sus actividades cotidianas o con situaciones referidas
a su pasado y/o presente.
Ejemplos:
- Ya no tengo
fuerzas ni ganas de levantarme por la mañana y llevar a
los niños al colegio.
- Evito cocinar,
cuando antes me gustaba.
- No quiero
que me molesten y yo era una persona sociable.
- En el trabajo
me cuesta concentrarme y me pongo de mal humor cuando algún
compañero de oficina viene a interrumpirme.
- Mi marido
está cansado de verme deprimida. Cuando llega a casa y
me encuentra mal, enseguida pone mala cara.
La mayoría
de los pacientes llegan asustados y atemorizados por la cantidad
de síntomas y malestares que padecen. El profesional debería
poder explicarle al paciente que esos síntomas son parte
de su enfermedad y que lo que le sucede es lo esperable en un proceso
de depresión.
Cuando los pacientes
llegan a la consulta les explico claramente que es lo que les sucede,
donde se encuentran en ese momento y qué es lo que hay que
hacer para salir del lugar donde están.
" Usted
se encuentra en un pozo a 17 metros de profundidad, muchas personas
han comenzado un tratamiento encontrándose a 25 o 30 metros
abajo y han salido a la superficie. Personas que se sentían
peor que usted y con menos recursos que los que usted tiene hoy
día. Si ellos salieron, encontrándose más abajo
y más hundidos usted también podrá. Quienes
estaban igual o peor que usted hoy se sienten bien, disfrutan de
la vida y caminan libremente por la superficie. Si usted quiere
salir de la depresión deberá, al igual que ellos realizar
un tratamiento farmacológico y terapéutico y seguir
las indicaciones de ambos profesionales.
El paciente
tiene que saber que el tratamiento llevará un tiempo y que
probablemente sea mucho menos que el tiempo que lleva deprimido.
La remisión total de los síntomas de depresión
se logra dentro de los primeros 3 a 5 meses de tratamiento.
El saber calma.
Cuanto más sabe un paciente sobre su depresión, más
fácil le será realizar el trabajo que tiene por delante.
En un primer
momento insisto en que el paciente trate de entender, no de cambiar.
La modificación de los procesos mentales no se logra inmediatamente,
pero la comprensión de lo que le sucede y por qué
le sucede se puede lograr desde el comienzo.
Si realizamos
las intervenciones adecuadas podemos, desde un primer momento comenzar
a detener el proceso de hundimiento. Si el paciente sale de nuestro
consultorio sintiendo que hay alguien que realmente comprende lo
que le sucede y que puede arrojarle una soga para empezar a salir
del pozo, habremos logrado el primer objetivo.
CREAR UN VINCULO PACIENTE-TERAPEUTA
La confianza
y seguridad que pueda trasmitir el terapeuta en las primeras entrevistas
son de vital importancia para el desarrollo del tratamiento y para
la relación con el paciente. No es conveniente tratar a una
persona deprima con distancia afectiva. Cuanto más abierto,
cordial y amable sea el terapeuta, más rápidamente
entablará una relación fuerte y segura.
No se trata tanto del marco teórico que cada profesional
aplique, sino de la manera de relacionarse con el paciente, la que
hace la diferencia.
La desesperanza es la columna vertebral de la depresión,
y el antídoto para ello en un primer momento del tratamiento
está dado por la actitud del terapeuta. Es el profesional
el que tiene que transmitirle al paciente su convicción de
que saldrá adelante y además darle el aliento y la
fuerza necesaria que el paciente no tiene en esta primera etapa.
No tenemos que tener miedo de ofrecerle al paciente la seguridad
y el apoyo que necesita en ese momento.
Para comenzar
a trabajar y lograr los resultados que espero tener en el tratamiento,
realizo un acuerdo previo con el paciente, una suerte de sociedad
donde cada uno de nosotros aportará algo. Desde el paciente,
sus ganas de sentirse bien y desde mi la guía y conducción
del tratamiento. Para arrojarle una cuerda a aquel que se encuentra
en un pozo, es necesario asegurarse de antemano que se sostendrá
fuertemente de ella.
Si el paciente no me otorga el crédito y la confianza que
necesito para comenzar a trabajar, entonces no realizo el tratamiento.
Es diferente
tratar pacientes a formar equipos de trabajo. En un equipo cada
integrante cumple una función y aporta algo diferente y a
la vez, se necesita de todos para alcanzar el objetivo. Cuanto mayor
sea el grado de compromiso de las partes, más fácilmente
se llega a la meta.
EL PACIENTE Y SU ENTORNO
La depresión
es una de las enfermedades más sufrientes y menos comprendidas
que existen hoy en día y esta es una característica
que le imprime una importante diferencia con el resto de las enfermedades.
Quienes comparten
la vida con una persona que sufre depresión pueden ser de
mucha ayuda u obstaculizar el tratamiento y esto dependerá
en gran medida de lo que nosotros como profesionales, hagamos al
respecto.
Al comienzo
del tratamiento, suelo tener una reunión con los familiares
más cercanos del paciente para informarles sobre la enfermedad,
contestar sus preguntas, comunicarles el tiempo aproximado de tratamiento
y explicarles como se encuentra el paciente.
Los que rodean
a una persona con depresión se agotan, se molestan y se irritan
con quien sufre la enfermedad. La mayor parte de los intentos de
ayuda y de las expectativas que tienen de poder ayudar no generan
resultados. La familiares en verdad, se cansan de quienes están
siempre deprimidos, con malhumor y con una actitud negativa hacia
todo lo que les sucede.
Cuantas veces
los pacientes escuchan frases como: No tienes motivos para sentirte
así. No tienes nada que hacer, por eso te haces problema
por cualquier cosa.
Cómo puede ser que te sientas tan mal si tienes una buena
familia, un trabajo y no tienes problemas económicos? De
que te quejas, la verdad no te entiendo.
Ambos se sienten
frustrados. Los familiares y el paciente. Unos por querer ayudar
y el otro por sentirse que no lo ayudan.
Los familiares
no saben cómo comportarse ni que hacer para ayudar al paciente,
en la mayoría de los casos tampoco tienen la suficiente información
sobre la enfermedad, o lo que es peor aún, tienen una información
equivocada sobre lo que está sucediendo.
No debemos pensar
al paciente fuera de su entorno familiar, trabajar con la familia
despejando sus dudas y asesorándolos en todo lo que sea necesario,
hace más rápido y efectivo el trabajo que tenemos
por delante.
ETAPA 2
OBJETIVO:
REMISIÓN DE LA SINTOMATOLOGÍA
La interpretación que hace un paciente sobre lo que le sucede
es la que lo lleva por el camino de la depresión y la modificación
de esas interpretaciones serán las que le posibiliten modificar
su estado depresivo.
Las depresiones
tienen un punto de partida, un lugar en donde empezaron. En muchos
casos vienen de la infancia, en otros son el resultado de una falta
de valoración personal.
Las causas de la depresión las podemos encontrar en hechos
presentes o pasados, en situaciones vividas, pérdidas, objetivos
no realizados, sentimiento de no ser querido, baja autoestima y
dependencia afectiva.
El paciente
tiene que comprender que su manera de pensar es uno de los factores
mas importantes de su depresión y que en tanto y en cuanto
continúe pensando de la misma manera, su estado anímico
no se modificará. Empezar a modificar el estado del paciente
a través de la emoción es algo muy difícil
de lograr, por lo cuál debemos comenzar a trabajar en el
área del pensamiento.
El paciente
está durante todo el tiempo experimentando esa sensación
que lo sumerge en un sentimiento de agobio y desesperanza y su pensamiento
es un claro correlato de lo que siente, pero no solo no se da cuenta
de que está pensando de una manera equivocada, sino que además
no sabe como corregirlo.
Suelo preguntarle
a los pacientes si saben cuál es diferencia entre una persona
que se siente bien y ellos mismos.
La mayoría no sabe que contestar ni tampoco saben que es
lo que tienen que cambiar para sentirse mejor.
Les explico
que la depresión no es un virus, ni es una enfermedad que
aparece de un día para el otro, de repente, sin aviso. La
depresión es una enfermedad que se va gestando de a poco,
con determinadas interpretaciones y creencias que van creando una
visión de la realidad que deprime y agobia. El pasado, el
presente y el futuro quedan atrapados y contaminados por estas distorsiones.
Estas distorsiones a su vez, se automatizan y se van reforzando
día a día con más razonamientos y conceptos
erróneos que generan en el paciente emociones displacenteras.
Es entonces cuando el paciente queda inundado y atrapado por emociones
y pensamientos negativos.
Salir de la
depresión implica pensar y sentir de una manera diferente.
Para lograrlo, el paciente tiene que comenzar por aprender a identificar
cuáles son aquellos pensamientos que lo llevan a sentirse
deprimido y a resolver los problemas que tiene. Para ello hay que
revisar todo aquello le provoca dolor, tristeza o malestar, sean
éstos acontecimientos pasados o presentes.
En el trabajo
con el paciente el terapeuta debe estar constantemente mostrando
el pensamiento o emoción distorcionada que tiene el paciente
y dándole otra perspectiva a las situaciones o relatos planteados
y mostrándole, a la vez, la amplia gama de interpretaciones
que pueden hacerse sobre un mismo hecho.
A cada pensamiento
o forma de abordar una situación que implique una visión
parcial y arbitraria, un menoscabo de su autoestima o una interpretación
negativa o pesimista, el profesional tendrá que mostrar el
error y ayudar al paciente a encontrar una manera diferente de abordar
la situación.
Para comenzar
a lograr estos cambios el profesional tiene que poder generar en
el paciente una duda razonable en su manera de pensar. Si esta duda
no se instala, el paciente no estará bien predispuesto a
revisar su creencias y su forma de razonar.
Yo le destruyo
todos los argumentos que llevan a un paciente a la depresión.
Le muestro con la mayor claridad posible, donde está el error
y lo hago tantas veces como sea necesario hasta lograr que el paciente
comience a poner en duda su propia manera de pensar.
Modificar el sistema de pensamiento depresivo no solo implica ayudarlo
al paciente a revertir sus creencias sobre sí mismo y sobre
el mundo que lo rodea, sino que es necesario mostrarle que su interpretación
de la realidad está basada en supuestos FALSOS que lo llevan
a no encontrar una salida adecuada a su estado anímico.
Le muestro al paciente que su manera de pensar es la causante de
su forma de sentir y a la vez que su pensamiento es la respuesta
de cómo se siente.
Suelo trabajar
poniendo cientos de ejemplos y mostrándole las diferencias
que existen entre quienes piensan de un modo u otro. Diciéndole
yo pienso así y tú piensas de este modo, si yo pensara
como tú me sentiría de la misma manera que tú.
Luego invierto los papeles y le pido que sea él quién
me de algún ejemplo de cómo pienso yo y como piensa
él. (Estos ejercicios los realizo con una problemática
o pensamiento que tiene el paciente sobre algún hecho o circunstancia
de su propia vida).
Por otro lado,
el profesional tiene que lograr que el paciente se convierta en
un observador de su propia forma de pensar, de esa manera y a través
de la observación el paciente comienza de a poco a darse
cuenta del impacto que tiene su pensamiento sobre sí mismo
y a comprender que si puede modificar esos pensamientos, también
logrará modificar la emoción que conlleva esa forma
de pensar.
Es en ese momento en donde un paciente nos abre la puerta y nos
dejan entrar, cuando se da cuenta de la relación que existe
entre pensamiento y emoción y cuando comprende que su manera
de razonar, conjuntamente con sus creencias son la causa de su sufrimiento..
En el comienzo
del tratamiento no es necesario que el paciente realice ningún
cambio en sus acciones. Si hasta ese momento se pasaba todo el día
sentado en una silla puede, si lo desea, continuar haciéndolo.
Por otro lado hay que esperar que la medicación antidepresiva
comience a hacer efecto.
El hacer implica energía. Levantarse de la silla y salir
a caminar o ir hasta la cocina a prepararse un café, es para
muchos una tarea titánica y, si le falta la energía
no es conveniente pedirle que lo haga sin ella. En cambio pensar
no implica un gran esfuerzo y a la vez, es lo que hace el paciente
durante todo el día mientras está sentado en una silla.
De cualquier
forma le doy a elegir al paciente:
"Tienes
dos opciones, te levantas de la silla y caminas durante una hora
o te quedas sentado y te concentras en detectar algunos pensamientos
negativos y una vez que los identificas, los escribes en un papel
y lo traes en la próxima entrevista.".
Hasta aquí
todo el trabajo está centrado en convertir al paciente en
su propio observador y en que comience a identificar y reconocer
su manera de pensar, manteniendo por el momento sus sentimientos
depresivos.
Una persona
puede pensar y saber que está errada, pero la emoción
que subyace es la que gobierna la acción. Puede decir: "
Yo sé que estoy pensando mal pero no me importa. "Yo
puedo pensar que me voy a sentir mejor, pero en verdad, no lo creo".
o "Aunque piense diferente sigo sintiendo lo mismo".
Solemos pensar
sin detenernos a observar qué estamos pensando. Nuestros
pensamientos aparecen en la conciencia y los tomamos como verdaderos
sin siquiera ponerlos en duda, pero cuando esos pensamientos nos
provocan malestar, debemos revisarlos y buscar concientemente otras
alternativas.
Comenzar a cambiar
es comenzar a observar y a estar atentos a cómo pensamos.
La fuerza y el poder que tiene el pensamiento hará el resto.
El paciente
con el correr de los días y como producto de la detección,
corrección e insistencia del profesional, comienza de a poco
a instalar en su psiquismo algunos pensamientos nuevos y como en
todo proceso de aprendizaje, hay un momento en el que el cambio
se produce, provocándole al paciente una sensación
de logro y de satisfacción momentánea. Es entonces
cuando la conexión pensamiento-emoción queda establecida,
reconocida y evidenciada para el paciente.
A partir de la primera conexión comienza el proceso de realimentación,
con otros pensamientos y emociones.
Esta retroalimentación se comienza a evidenciar en cambios
de conducta y de hábitos del paciente.
El proceso de cambio se da de la siguiente manera:
|
MOMENTOS
|
PROCESO
DE CAMBIO PENSAMIENTO-EMOCIÓN
|
| Primer
momento |
Pensamiento
IGUAL Emoción |
| Segundo
momento |
Pensamiento
puesto en duda: IGUAL Emoción |
| Tercer
momento |
Auto-observación
del pensamiento: IGUAL Emoción |
| Cuarto
momento |
Un
cambio de pensamiento: CAMBIO de emoción. Satisfacción
momentánea (El resto de las emociones inalteradas) |
| Quinto
momento |
Retroalimentación
pensamiento-emoción. Mantenimiento del nuevo pensamiento
y emoción |
| Sexto
momento |
Modificación
de otros pensamientos y emociones |
| Séptimo
momento |
Modificación
de la conducta (acción) |
El paciente comprende
que puede cambiar y que los cambios que se producen son el resultado
directo de su trabajo. Comienza a gobernarse a sí mismo y
a darle a sus pensamientos un rumbo previamente determinado.
A partir de
ese momento el camino se transita más rápidamente
y se pueden acelerar los tiempos de recuperación. La sintomatología
va desapareciendo paulatinamente a medida que se van analizando
todas las situaciones de su vida que le generan malestar. Esto lleva
a la remisión de los síntomas que el paciente presentaba
en el comienzo del tratamiento. En mi opinión, no hay situación
ni problemática, por más difícil que parezca
para el paciente, que no pueda ser resuelta con un correcto análisis
y cambiando la perspectiva de abordaje.
En esta etapa se trabaja intensivamente en la resolución
de conflictivas y sólo cuando los síntomas han remitido
comienza la última etapa del tratamiento.
ETAPA 3
FORTALECIMIENTO
Y MANTENIMIENTO DEL ESTADO ANÍMICO
Esta etapa es un momento crítico del tratamiento. Si bien
para el profesional es más fácil de transitar no lo
es tanto para el paciente, debido a que en esta etapa el paciente
ha adquirido un cierto grado de bienestar que, en la mayoría
de los casos, lo hace sentirse mejor de lo que en realidad está.
El paciente, una vez que han remitido sus síntomas, comienza
a sentir confianza en sí mismo y cree que ya se encuentra
preparado para enfrentar todo lo que le toque vivir.
Si bien su sintomatología ha remitido, las posibilidades
de volver a padecer los síntomas de depresión todavía
están presentes.
El paciente
cuando entra en la etapa 3 todavía no tiene totalmente internalizado
y automatizado un pensamiento positivo que le asegure que enfrentará
los problemas y las circunstancias que le toquen vivir sin caer
en esquemas anteriores.
La tarea del profesional en esta etapa está dirigida a fortalecer
la correcta interpretación de la realidad y alentar al paciente
a mantener una perspectiva adecuada que le permita sentirse bien.
Es en la etapa
2, donde el paciente comienza a hacer cambios por sí mismo
y a mejorar su autoestima produciéndose una retroalimentación
que le facilita la recuperación y que lo incentiva a continuar
con el tratamiento. Pero en la etapa 3 y a diferencia de la anterior,
ya no se producen los grandes cambios. Es una epata de mantenimiento
donde el profesional va observando cómo aplica el paciente
las herramientas que ha adquirido hasta ese momento.
Esta etapa está marcada por la reducción de la frecuencia
de tratamiento, pasando de dos entrevistas a una entrevista por
semana hasta llegar al alta del paciente.
Duración
del tratamiento:
Los tiempos
de tratamiento varían de acuerdo al estado del episodio depresivo.
Las diferencias están dadas en la etapa 1 y 2. La etapa 3
mantiene el mismo período de tiempo para todos los casos.
|
PATOLOGÍA
|
MESES
DE TRATAMIENTO
|
FRECUENCIA
SEMANAL
|
|
Trastornos
Depresivos
|
Estado
de los
Episodios
|
Etapa 1 y 2
|
Etapa
3
|
Etapa 1 y 2
|
Etapa
3
|
|
Para
los Trastornos:
Depresivo Mayor Episodio Único
Trastorno Depresivo Mayor Recidivante y Trastorno
Distímico
|
LEVE
|
1
a 2 meses
|
6
meses
|
2
x semana
|
1
x semana
|
|
Episodio
Único
Trastorno Depresivo Mayor Recidivante y Trastorno
Distímico
|
MODERADO
|
2
a 3 meses
|
6
meses
|
2
x semana
|
1
x semana
|
|
Grave
sin síntomas psicóticos
|
4
a 5 meses
|
7
meses
|
2
x semana
|
1
x semana
|
Pacientes
hospitalizados: tratamiento diario hasta el alta de internación.
Cuando comienza el tratamiento ambulatorio, se aplican los tiempos
y frecuencias correspondientes a un trastorno depresivo mayor, con
estado grave sin síntomas psicóticos.
MEDICACIÓN
ANTIDEPRESIVA
El psicólogo
tratante tiene que estar en contacto con el psiquiatra que le administra
la medicación al paciente y mantener una fluida comunicación
donde ambos estén al tanto de lo que le sucede al paciente.
Psicólogo-psiquiatra tienen que funcionar en conjunto y sostener
y reafirmar las indicaciones que el otro profesional le hace al
paciente.
Es importante
lograr que el paciente se sienta bien predispuesto a recibir la
medicación y a ir a ver al psiquiatra las veces que sea necesario,
esa es una tarea del psicólogo.
El tratamiento de la depresión está sostenido en dos
columnas, la medicación y la psicoterapia ambas aplicadas
en forma conjunta.
El paciente tiene que tener claro que debe seguir las indicaciones
de ambos profesionales durante el tiempo que dure el tratamiento,
de lo contrario no se lograrán los resultados esperados.
Si el paciente
abandona o discontinúa alguno de los tratamientos, es importante
que el otro profesional esté al tanto de lo que sucede, de
esa manera se puede ayudar al paciente a que retome el tratamiento
suspendido.
CONSIDERACIONES
FINALES
Esta forma de
abordar el tratamiento de la depresión, la utilizo para realizar
tratamientos cara a cara y tratamientos a distancia.
Los avances
de la tecnología me han permitido, a través de Internet,
extenderme más allá de mi consultorio, realizando
tratamientos a pacientes que viven en España, Estados Unidos
y México, entre otros.
Los resultados
obtenidos y el tiempo de tratamiento son los mismos en una u otra
modalidad. En los tratamientos online utilizo cámara web
y un sistema de comunicación telefónica gratuito.
Esto demuestra
que la presencia física del terapeuta no es un requisito
necesario en tanto y en cuanto el paciente pueda sentirse comprendido
en su dolencia, entendiendo lo que le sucede y a la vez formando
un equipo de trabajo con el terapeuta y con su familia.
Una vez que
el paciente logra estos objetivos estará preparado para poder
poner en duda lo que piensa, convertirse en un auto-observador de
sus pensamientos, reconocer sus supuestos falsos, revisar su modelo
de creencias y modificar sus emociones para lograr con el fortalecimiento
de lo aprendido, alejarse de la depresión y sentirse bien
consigo mismo.
(1) Solomon, Andrew. El demonio de la depresión.
Editores Ediciones B. Grupo Zeta. 2002. p 69-70.
Buenos Aires,
febrero 2007

DEPRESIÓN
EN ENFERMEDADES MÉDICAS
Fermín Serrano Osés
Unidad de Psiquiatría. Hospital Virgen del Camino
RESUMEN
Existen enfermedades médicas que asocian en su evolución
un síndrome depresivo, pudiendo en ocasiones, preceder a
los síntomas somáticos. El presente artículo
trata de describir la importancia de los síndromes depresivos
en la atención al paciente con patología médica.
Tras analizar el modo de presentación de la sintomatología
depresiva en los pacientes médicos, así como las distintas
claves diagnósticas que pueden evitar diagnósticos
erróneos o incompletos, se incide en la relación que
existe entre los síntomas depresivos y numerosas patologías.
Por último se reseñan aquellos trastornos psiquiátricos
que con frecuencia asocian a sintomatología ansioso depresiva,
síntomas médicos inespecíficos, pero que terminan
complicando el manejo de estos pacientes.
No es objeto del presente artículo analizar aquellos cuadros
depresivos reactivos a las dificultades de algunos pacientes de
asumir su rol de enfermos o las limitaciones que ciertos trastornos,
tratamientos o pronósticos pueden acarrear.
INTRODUCCIÓN
La
depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más
prevalentes, y cuya prevalencia más ha aumentado en los últimos
años en la población general. Constituyen, después
de los trastornos adaptativos, el motivo más frecuente de
consulta psiquiátrica en asistencia primaria, constituyendo
entre el 8 y el 10% de las segundas visitas o consecutivas entre
médicos generales1. Se estima que en psiquiatría los
pacientes depresivos suponen un 20% de los atendidos. En atención
primaria se atiende a diez veces más pacientes depresivos2.
Se encuentran prevalencias del 10-14% entre los pacientes hospitalizados
por problemas médicos y del 9 al 16 % entre pacientes ambulatorios3.
Si se valoran únicamente síntomas depresivos se multiplican
por tres o cuatro, especialmente en pacientes con enfermedades orgánicas
crónicas de los que la mitad sufren síntomas depresivos
en su evolución, y entre un tercio a la mitad de ellos no
son reconocidos como tales síntomas entre los médicos
no psiquiatras, complicando el abordaje del problema médico.
Los síntomas somáticos se agravan al aparecer los
depresivos, y viceversa.
El síndrome depresivo se puede relacionar con la enfermedad
médica de diversas maneras:
- La enfermedad
médica como causa de la depresión (depresiones secundarias
o somatógenas)4. Incluso en algunas ocasiones la sintomatología
depresiva precede a la somática. Nos centraremos en este
tipo de cuadros.
- Que la enfermedad
médica facilite la aparición de depresión
en alguien susceptible, como estresante psicosocial.
- Que coincidan
ambos cuadros, sin relación entre sí, por azar.
- Que el enfermo
médico reaccione de manera desadaptativa, con sintomatología
depresiva a las limitaciones, pronóstico o síntomas
de la enfermedad médica.
- Que los síntomas
depresivos estén producidos, no por la enfermedad sino
por los tratamientos empleados para combatirla. Se denominan depresiones
yatrógenas. Algunos de los fármacos que pueden producir
síntomas depresivos se enumeran en la tabla 1.

Muchos síntomas depresivos se solapan con los producidos
por la enfermedad somática, lo que complica el diagnóstico
y el tratamiento. Por ello es muy importante identificar aquellos
síntomas depresivos en pacientes médicos que son susceptibles
de ser tratados con seguridad con los nuevos antidepresivos, pero
también es muy importante no malinterpretar o ignorar síntomas
propios de una patología orgánica más o menos
grave, ya que en estos casos, no sólo no responderán
al tratamiento antidepresivo, sino que se retrasará el tratamiento
efectivo de la enfermedad somática.
La importancia del problema aumenta si además tenemos en
cuenta que aquellos pacientes médicos en los que aparece
un síndrome depresivo, la morbi-mortalidad aumenta de manera
notoria. Por otro lado, la depresión desmotiva al paciente
y afecta al cumplimiento de los planes terapéuticos5.
DIAGNÓSTICO DEL SÍNDROME DEPRESIVO
En psiquiatría se utilizan de manera generalizada dos sistemas
clasificatorios, la Clasificación Internacional de la Enfermedades
de la OMS (CIE), y la de la Asociación Norteamericana de
Psiquiatría (DSM), que respectivamente van por su décima
edición (CIE-10)6 y por el Texto Revisado de su Cuarta Edición
(DSM-IV-RT)7.
En el DSM-IV-RT, los trastornos depresivos por enfermedad médica
se clasifican bajo el epígrafe Trastornos del Estado de Ánimo
Debidos a Enfermedad Médica (F 06.3), definidos como una
"Prolongada y acusada alteración del estado de ánimo
que se considera un efecto fisiológico directo de una enfermedad
médica". Exige que esta relación se demuestre
a través de la historia clínica, de la exploración,
o de las pruebas de laboratorio. Para ello aconsejan tener en cuenta
la asociación temporal, la forma en que se presentan los
síntomas respecto a los típicos del trastorno mental
primario, edades de inicio atípicas, síntomas mentales
asociados poco comunes o síntomas médicos desproporcionados
respecto a los considerados habituales. Que otro trastorno mental
no explique mejor la alteración, teniendo en cuenta que las
enfermedades también pueden actuar como estresante psicosocial,
o pueden agravar la evolución de trastornos mentales preexistentes.
Hay que descartar que el paciente no tenga un delirium, o que el
cuadro se pueda explicar por el consumo de tóxicos.
En la CIE-10, se encuentra bajo el epígrafe de los Trastornos
del Humor Orgánicos, y su definición del trastorno
es en esencia y en lo que nos ocupa, muy similar.
Los cuadros depresivos se diagnostican como episodio depresivo único,
trastorno depresivo recurrente, trastorno distímico, trastorno
depresivo no especificado, o depresión en el trastorno bipolar
y en la ciclotimia. Se puede especificar si el episodio actual es
leve, moderado o grave, en remisión parcial o total; con
o sin síntomas psicóticos. Se puede indicar si es
crónico, con síntomas catatónicos, atípico,
de inicio en el postparto, con patrón estacional o definir
el trastorno bipolar de ciclos rápidos.
PRINCIPALES SÍNTOMAS QUE SUGIEREN PATOLOGÍA
MÉDICA
Los cuadros
depresivos primarios asocian a síntomas psicológicos
como la tristeza, disforia, falta de interés o capacidad
de placer y disfrute, sentimientos de inutilidad o culpa, estorbo,
pensamientos de muerte que pueden llegar a ser de suicidio, otros
síntomas somáticos como la pérdida de peso
sin hacer régimen, aumento del mismo por hiperfagia, insomnio
o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotores,
fatiga o pérdida de energía o disminución de
la capacidad de concentración. Muchos de los síntomas
de este segundo grupo son compartidos por otros síndromes
y enfermedades médicas.
Por otro lado, la dificultad para expresar estados afectivos hace
que un grupo de pacientes deprimidos expresen con mayor frecuencia
e intensidad sintomatología somática que afectiva,
y, sin embargo, padecen cuadros depresivos primarios, denominados
tradicionalmente depresiones enmascaradas.
Será una historia clínica detallada la que permitirá
detectar antecedentes médicos del paciente, así como
la prescripción de fármacos potencialmente depresógenos.
Datos demográficos como la edad de inicio del trastorno,
que si es tardía, sugiere la necesidad de explorar patología
médica o los antecedentes personales, por si no se tratara
de un primer episodio depresivo. Los trastornos del humor son los
que más se heredan en psiquiatría, así como
son también hereditarias otras enfermedades médicas,
por lo que resultará de interés profundizar en los
antecedentes familiares. La ausencia de antecedentes personales
y/o familiares de depresión, orienta a su origen médico
o yatrogénico.
Es importante prestar atención a los síntomas cognitivos,
incluso posibles fluctuaciones de los mismos. Los pacientes depresivos
pueden tener alteradas la capacidad de evocación o la atención,
pero si se presentan confusos o con deterioro cognitivo será
preciso descartar patologías médicas. El paciente
depresivo raramente se muestra desorientado en la exploración
mental. Sus alteraciones de memoria, cuando las hay, son más
subjetivas que objetivas, polarizando el recuerdo en lo negativo.
El inicio de estos problemas será brusco.
Es necesario precisar los síntomas somáticos, por
otro lado muy frecuentes en las depresiones primarias: por ejemplo,
aunque durante los cuadros depresivos es frecuente la hiporexia
y la pérdida de peso, en aquel paciente que ha perdido veinte
kilos en un mes habrá que sospechar patología médica
subyacente.
En cuanto a la exploración física: deberá ser
completa, incluso en pacientes con un diagnóstico anterior
de depresión, siempre que aparezcan quejas físicas.
En todo caso se deberá incidir en aquellas exploraciones
sugeridas por la impresión clínica, y de manera importante
en la exploración neurológica.
Resulta a demás muy útil recabar información
de los familiares o personas que convivan con el paciente, ya que
los pacientes deprimidos no suelen dar información objetiva
de su funcionamiento basal. De la misma manera, concretar si existe
consumo de tóxicos por parte de los pacientes. Los pacientes
deprimidos suelen consumir más alcohol, tóxico muy
depresógeno, que la población normal.
Pruebas complementarias
De manera general se solicitará la analítica habitual,
con hemograma completo: bioquímica, electrolitos, calcio,
fósforo, urea, creatinina, función hepática,
detección de drogas y alcohol en orina, así como la
función tiroidea.
En función de la sospecha clínica habrá que
complementar con otros parámetros analíticos, tales
como la ceruloplasmina, serologías víricas (mononucleosis,
VIH) y bacterianas (VDRL, Lyme), electrocardiograma, radiografía
de tórax. Habrá que plantearse la solicitud de otras
exploraciones más complejas según se oriente la impresión
clínica (ecografías abdominales, TAC, RNM, etc.).
ENFERMEDADES MÉDICAS ASOCIADAS A DEPRESIÓN
Por razón
de su importancia y de su interés clínico se revisarán
en primer lugar aquellos trastornos más frecuentes en los
que el síndrome depresivo puede ser la primera manifestación
del trastorno. En segundo lugar, las enfermedades médicas
en las que la clínica depresiva aparece más tarde.
Síndrome depresivo como primera manifestación
Los pacientes con endocrinopatías presentan depresión
y ansiedad con frecuencia, y en ocasiones, son los síntomas
psiquiátricos las primeras manifestaciones de la enfermedad.
Se sospechan en casos de cuadros depresivos o ansiosos resistentes
a los antidepresivos, con quejas vegetativas muy prominentes y con
déficit cognitivos.
Patología tiroidea
Hipertiroidismo. La causa más frecuente es la Enfermedad
de Graves. Se asocia con más frecuencia a estados de ansiedad
y sintomatología vegetativa, como taquicardias, disnea, hipersudoración,
así como pérdida de peso con hiperfagia. Se ha detectado
que los síntomas afectivos preceden a las manifestaciones
físicas en un 14% de los casos8. El diagnóstico resulta
más difícil en los ancianos, en los que puede llegar
a predominar clínica de apatía y quejas cognitivas.
Es necesario realizar screening de hormonas tiroideas en pacientes
depresivos con antecedentes familiares de problemas tiroideos, cicladores
rápidos, depresiones resistentes y especialmente en mujeres
postmenopaúsicas y puérperas.
Hipotiroidismo. El trastorno, que puede tener su origen en la glándula
tiroides o ser secundario, es más frecuente en mujeres. Los
síntomas afectivos pueden llegar a ser los más prominentes.
Se distinguen tres grados, en función de la deficiencia hormonal.
En el grado II, subclínico, es en el que los síntomas
psiquiátricos suelen preceder a los físicos, en forma
de apatía, tristeza y alteraciones del sueño. Por
otra parte, entre pacientes con depresión mayor, se ha visto
una relativamente alta incidencia de hipotiroidismo subclínico
(4%)9. A menudo a este tipo de hipotiroidismo, cuyo significado
clínico se desconoce, se denomina de grado III, y asocia
únicamente sintomatología psiquiátrica10. En
cuanto al grado I, el más grave, asocia la clínica
del hipotiroidismo con sintomatología psiquiátrica,
también depresiva grave, que puede llegar a presentarse con
síntomas psicóticos, síntomas cognitivos muy
prominentes e incluso con delirium. El riesgo de suicidio es alto.
Los síntomas psiquiátricos de estos pacientes responden
en más de un 60% al tratamiento sustitutivo11, mientras que
en los grados II y III, la utilidad de este tratamiento no está
demostrada.
Por otro lado, la hormona tiroidea T3 se utiliza como coadyuvante
de los antidepresivos tricíclicos en pacientes con depresión
resistente, aún sin hipotiroidismo12. Su nivel en sangre
se ha relacionado con el riesgo de recurrencias de los episodios
depresivos en el Trastorno Depresivo Recurrente, aumentando el período
asintomático conforme los niveles de T3 eran mayores13. La
concentración de T4 no parece influir en el riesgo de recurrencias,
y no se ha demostrado útil como coadyuvante de los tricíclicos.
Enfermedad de Cushing
A veces el síndrome depresivo es la primera presentación
de la enfermedad. Puede alcanzar una gran gravedad y llegar a presentarse
con sintomatología psicótica. En esta enfermedad existe
sintomatología psiquiátrica en el 50% de los casos,
depresiva en un 35%. En el 50% de pacientes que la desarrollan se
encuentran factores predisponentes para la depresión, tales
como antecedentes familiares depresivos o de suicidio o historia
de pérdidas y separación. Estos pacientes suelen tener
mayor irritabilidad y labilidad emocional que los pacientes con
depresión primaria14. La gravedad del cuadro depresivo se
ha relacionado con los niveles de cortisol, y parece responder bien
con la normalización de los niveles. La depresión
parece más frecuente en las formas hipofisarias que en aquellas
de origen suprarrenal. En contraste con el hipercortisolismo resultante
de la administración de corticoides exógenos, no son
frecuentes los cuadros maníacos15.
Hiperparatiroidismo
Los síntomas psiquiátricos del exceso de hormona paratiroidea
se han asociado más a la hipercalcemia resultante que al
papel de la hormona per se. Asocia sintomatología psiquiátrica
en los dos tercios de los casos, frecuentemente depresión
y anergia. Se aprecia un deterioro cognitivo progresivo y cambios
inespecíficos de personalidad. El proceso se orienta con
la exploración y hallazgo de los síntomas somáticos
concomitantes, como la sed, poliuria, cólicos y dolores óseos.
La evolución e intensidad de los síntomas psiquiátricos
se suelen asociar a los niveles del calcio sérico, y la resección
quirúrgica es curativa en la mayoría de los casos16.
Carcinoma de páncreas
La anorexia, pérdida de peso y dolorimiento difuso son a
menudo los únicos síntomas y cuando no existían
procedimientos diagnósticos con técnicas de imagen
llevaron al diagnóstico de un cuadro depresivo3.
Tumores del SNC
Las manifestaciones psiquiátricas de los tumores SNC pueden
ser la primera presentación en un 20% de los tumores cerebrales
supratentoriales, y en un 5% de los infratentoriales3. Los tumores
frontales y temporales de crecimiento lento son los que más
se asocian a síntomas afectivos, apatía y depresión.
El diagnóstico se realiza por la presencia de déficit
neurológicos asociados a la sintomatología depresiva.
Los tumores frontales resultan especialmente silentes, y los síntomas
que los pacientes presentan suelen ser muy inespecíficos.
Los pacientes suelen expresar apatía, indiferencia y dificultad
para iniciar actividades. Aunque dependiendo de la localización
se suele asociar impulsividad y desinhibición. Algunos autores
refieren que los tumores frontales del hemisferio derecho se asocian
más frecuentemente a euforia, mientras que los del hemisferio
izquierdo lo hacen a depresión.
Enfermedad de Parkinson
La frecuencia de depresión en la Enfermedad de Parkinson
se cifra en el 50% de los casos, considerándose los síntomas
afectivos como parte de la enfermedad17. Existe mayor prevalencia
entre las mujeres que entre los varones. Se asocia además
con las formas de inicio temprano. Los síntomas ansiosos,
irritabilidad y pesimismo son muy frecuentes, así como las
ideas de suicidio. Se sabe que la depresión no se debe únicamente
a los sentimientos de incapacidad que ocasiona la enfermedad, sino
que existe un correlato biológico. Precede al desarrollo
de los síntomas motores en el 25% de los casos, no existiendo
diferencias entre los distintos estadíos de la enfermedad.
Aunque los antiparkinsonianos se asocian con depresión, no
se ha visto mayor proporción de pacientes deprimidos después
de la introducción de la L-Dopa.
Enfermedad de Huntington
El trastorno psiquiátrico más frecuente de la enfermedad
de Huntington es la depresión, con una prevalencia de la
misma del 35%18. La fenomenología es similar a la del trastorno
primario, pudiendo llegar a aparecer sintomatología psicótica.
Es más frecuente en los estadios primarios, cuando todavía
no se han manifestado los movimientos anormales, precediéndolos
una media de cinco años, y en aquellos pacientes con inicio
tardío de la enfermedad. Se asocia a un alto riesgo de suicidio.
Demencia de Alzheimer
La frecuencia de depresión en los pacientes de Alzheimer
es muy variable, oscilando entre el 1 y el 90%. Diferencias metodológicas
y de criterios aparte, la depresión es muy frecuente en estos
enfermos19. Se han realizado gran número de estudios con
la finalidad de detectar la relación que existe entre sintomatología
afectiva y el mayor riesgo de demencia en pacientes depresivos detectándose
depresión previa a la aparición de deterioro cognitivo
en el 44% de los casos. Dichos estudios hasta el momento arrojan
resultados contradictorios. Parece que hubiera un grupo de pacientes
que, tras un cuadro depresivo con alteraciones cognitivas leves,
fueran configurando un cuadro demencial20.
Enfermedad de Wilson
La enfermedad de Wilson evoluciona a la larga a una demencia progresiva.
Las manifestaciones psiquiátricas a lo largo de la enfermedad
son muy frecuentes21, más en la forma tardía de la
enfermedad y como primera manifestación de la enfermedad
en un 20% de los casos. No es infrecuente la presencia de cuadros
depresivos y maníacos.
Esclerosis múltiple
Durante mucho tiempo se prestó más atención
a la euforia que a veces acompaña a los pacientes con esclerosis
múltiple, y que a su vez está relacionada con el deterioro
cognitivo. Sin embargo, la depresión es el síndrome
psiquiátrico más frecuente, apareciendo en el 42%
de los pacientes. En algunos casos se ha señalado como pródromo
de la enfermedad. Estos pacientes presentan un alto riesgo de suicidio,
siendo 75 veces más frecuente que en la población
general, sobre todo en los primeros cinco años del diagnóstico22.
En cuanto al manejo, estos pacientes son particularmente sensibles
a los efectos secundarios de los tricíclicos, así
como al desarrollo de crisis epilépticas. De ahí que
se prefiera, como en la mayoría de pacientes con problemas
médicos, el empleo de ISRS.
Porfiria aguda intermitente
Produce una tríada sintomática que consiste en dolor
abdominal agudo, polineuropatía y manifestaciones psiquiátricas,
que van desde la depresión a la psicosis23. No es infrecuente
que estos pacientes pasen por conversivos. Es frecuente que existan
familiares con el mismo diagnóstico. El tratamiento además
deberá ir encaminado a evitar los factores desencadenantes,
como los barbitúricos.
SÍNDROME DEPRESIVO DE PRESENTACIÓN
FRECUENTE
Epilepsia
El trastorno psiquiátrico más frecuente en los pacientes
epilépticos , después de los trastornos de la personalidad,
es la depresión sin que la naturaleza de la depresión
en los períodos interictales dependa de una simple adaptación
a un trastorno crónico. El riesgo es mayor en aquellos epilépticos
con foco en el hemisferio dominante. Estas depresiones suelen conllevar
un componente endógeno importante, con un riesgo de suicidio
que quintuplica al de la población general. Se han propuesto
varios mecanismos etiopatogénicos, entre ellos, la lesión
focal en las áreas límbicas, falta de metabolismo
interictal del área perifocal, o estimulación subclínica
de las estructuras límbicas en períodos interictales.
Se invoca además al efecto depresógeno de algunos
antiepilépticos, e incluso a la deplección de ácido
fólico asociada a la toma de algunos de ellos.
Cefaleas
Se observa una relación muy estrecha entre la depresión
y las cefaleas. La cefalea, como síntoma, es frecuente en
los cuadros depresivos, y a su vez la depresión suele ser
frecuente en los pacientes con cefaleas crónicas. De los
tipos de cefaleas estudiados, son las migrañas las que más
frecuentemente asocian cuadros depresivos24. La frecuencia de depresión
en pacientes con migraña es del 20%. Se cree, aunque resulta
controvertido, que comparte etiología con la depresión
en el sentido de un déficit de serotonina cerebral. También
puede resultar de un cuadro desadaptativo ante un dolor crónico.
Varios ISRS se han relacionado con la producción de cefaleas,
como la paroxetina.
Enfermedad de Addison
La insuficiencia suprarrenal susceptible de ser confundida con un
cuadro depresivo es aquella de larga evolución, por lo inespecífico
de los síntomas. Aparece una intensa astenia, originalmente
de predominio vespertino y posteriormente generalizada, así
como indiferencia y pobreza de pensamiento, unido a sintomatología
depresiva. La pérdida de peso y la anorexia son muy frecuentes.
Con el tiempo se terminan de instaurar los síntomas cardinales
de la enfermedad, como la hiperpigmentación, hiponatremia,
hiperpotasemia e hipotensión. Son pacientes muy proclives
al desarrollo de sintomatología maniforme al ser tratados
con esteroides, que por otra parte, son el tratamiento de elección25.
Hipovitaminosis
Déficit de Vitamina B12. Las manifestaciones neuropsiquiátricas
de la deficiencia pueden aparecer con niveles de vitamina superiores
a los necesarios para producir anemia. Son frecuentes la glositis,
mielopatía y polineuropatías. Se han descrito cuadros
depresivos en el 20% de pacientes con esta deficiencia, pudiendo
presentarse con síntomas psicóticos26. El tratamiento
de elección es la aportación parenteral de la vitamina,
en dosis más altas y mantenidas que las necesarias para corregir
simplemente la alteración hematológica.
Déficit de Acido fólico. Cursa con manifestaciones
similares al déficit de Vitamina B12, aunque sin la neuropatía
periférica. La depresión, junto con los déficits
cognoscitivos son los cuadros neuropsiquiátricos más
frecuentemente asociados. Se piensa que por la función de
coenzima en la síntesis de neurotransmisores del tetrahidrofolato.
Por otra parte, la reducción de la ingesta alimentaria de
los pacientes depresivos puede originar una deficiencia de folatos
secundaria27.
Pelagra. A los síntomas médicos de dermatitis en guante
y calcetín, y diarreas, se asocian los de depresión
y alteraciones cognitivas28.
Lupus eritematoso sistémico
La sintomatología depresiva es la clínica psiquiátrica
más frecuentemente referida29. Aproximadamente, el 11% de
los pacientes con lupus eritematoso sistémico cumplen criterios
de depresión mayor. Parece que las mujeres tienen más
riesgo, especialmente si las dosis de corticoides son altas, aunque
también se han asociado los síntomas depresivos, entre
otros síntomas neuropsiquiátricos a la presencia de
anticuerpos antiproteína P del ribosoma30. En estudios seriados,
el nivel sérico de estos anticuerpos se correlacionaba con
la actividad del cuadro neuropsiquiátrico y no con la actividad
del resto de las manifestaciones del lupus eritematoso sistémico.
Enfermedad de Lyme
La depresión asociada a la enfermedad de Lyme tiene lugar
a los seis meses o incluso años después de haberse
presentado el llamado eritema crónico migratorio, con la
fiebre, mialgias y cefalea acompañantes. Puede aparecer un
cuadro meningoencefalítico que asocia irritabilidad, confusión
y labilidad emocional, para evolucionar en un tercer estadio con
sintomatología depresiva con marcada labilidad afectiva,
y síntomas cognitivos. En ocasiones evoluciona a una demencia
progresiva. Se diagnostica por la serología específica
de la Borrelia burgdorferi, y la historia de viajes durante el verano
a zonas boscosas endémicas.
Mononucleosis infecciosa
Aparecen cuadros depresivos asociados a una intensa fatiga y sensación
de malestar31. A menudo el cuadro depresivo aparece en el mes posterior
a la clínica característica de la infección.
Es debatida la relación entre el denominado síndrome
de fatiga crónica y las infecciones de los virus de Epstein-Bar
y Citomegalovirus.
TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN ASOCIADA A
PATOLOGÍA MÉDICA
Al valorar la sintomatología depresiva en estos pacientes
existe un alto riesgo de caer en posiciones extremas, en el sentido
de "comprender" los síntomas depresivos del enfermo
como normales y no tratarlos, o bien, en el extremo contrario, de
interpretar como "psicológicos" síntomas
que corresponden a la patología orgánica.
En general, las enfermedades que hemos revisado se dividen en aquellas
con causa tratable, y las no tratables. De entre estas últimas,
la gran mayoría tienen tratamientos sintomáticos.
Como regla general la enfermedad somática deberá estar
bien tratada, así como las alteraciones metabólicas
que se hayan podido producir, y el dolor acompañante.
Hay que tener en cuenta que, en ocasiones, una vez desarrollado
el cuadro depresivo, éste evoluciona de manera independiente
aunque se solucione la causa médica que lo originó.
Esto ocurre con gran frecuencia con los trastornos tiroideos; de
ahí que sea aconsejable realizar un seguimiento de los síntomas
depresivos, hasta bastante tiempo después de haber realizado
este tratamiento, y en su caso, añadir tratamiento antidepresivo.
En el resto de los casos, en pacientes con enfermedades no tratables
o con tratamiento sintomático, los síntomas depresivos
no propiamente adaptativos deberán manejarse como si se tratara
de un cuadro depresivo primario.
En cuanto a la medicación utilizada para tratar o paliar
la patología médica, deberemos descartar que ésta
pueda tener efectos depresógenos. Si un paciente comienza
con síntomas depresivos, o se agravan los preexistentes al
poco tiempo de iniciar un tratamiento, es aconsejable suprimir éste,
observar la evolución de estos síntomas, y sustituir
por otro fármaco siempre que sea posible.
El antidepresivo de elección deberá ser, en principio,
aquél que muestre mejor perfil de eficacia, con menos efectos
secundarios. Los nuevos antidepresivos ISRS, resultan aconsejables
como fármacos de inicio, dada su mejor tolerancia, teniendo
en cuenta que deberemos evitar aquellos fármacos con efectos
anticolinérgicos en personas mayores o en afectaciones del
SNC y cardiovasculares. Los pacientes con patologías médicas
son mucho más sensibles a los efectos secundarios, y además
pueden existir variaciones farmacocinéticas relacionadas
con la velocidad de eliminación, e interacciones con otras
medicaciones, por lo que se aconseja iniciar el tratamiento con
dosis más bajas que en el trastorno primario. No obstante
se intentarán alcanzar dosis terapéuticas durante
tiempo suficiente (al menos seis semanas), y mantener al menos seis
meses si se alcanza la remisión del cuadro.
La indicación de Terapia Electroconvulsiva (TEC) es una buena
opción en casos en los que existe sintomatología muy
intensa, con síntomas psicóticos y alto riesgo de
suicidio, y se necesite una resolución rápida del
cuadro. De la misma manera está indicada en pacientes que
no toleran medicación oral, o que no han respondido a un
tratamiento reglado. Como dato a reseñar, la TEC en la enfermedad
de Parkinson consigue mejoría, no sólo del cuadro
afectivo, sino de la sintomatología motora. La contraindicación
relativa más importante para aplicar esta técnica,
además de las propias de la anestesia general, consiste en
la presencia de tumores cerebrales u otras circunstancias que produzcan
aumento de la presión intracraneal.
Además de los tratamientos biológicos será
necesaria una psicoterapia de apoyo, especialmente en los estadios
iniciales del tratamiento. La psicoterapia más reglada, de
corte cognitivo, conductual o dinámico, se aplicará
en pacientes con cuadros depresivos reactivos a la incapacidad provocada
por la enfermedad.
PATOLOGÍA MÉDICA EN PACIENTES DEPRESIVOS
TRASTORNOS
SOMATOMORFOS
Estos trastornos se distinguen al no explicarse los síntomas
somáticos del paciente en su totalidad por una enfermedad
médica, abuso de sustancias u otro trastorno mental. Sin
embargo, los síntomas son lo suficientemente graves como
para provocar estrés significativo o deterioro en la calidad
de vida del paciente, sin que los síntomas sean intencionados.
En el DSM-IV-RT se distinguen cinco trastornos, el trastorno de
somatización, el trastorno de conversión, el trastorno
por dolor, el trastorno dismórfico corporal y la hipocondría.
De ellos interesa sobre todo el trastorno de somatización,
por asociar sintomatología depresiva. Se inicia generalmente
antes de los 30 años con una constelación de síntomas
que afectan a varios aparatos, y dolor en al menos cuatro zonas
distintas. Las historias que narran los pacientes son poco consistentes,
y suelen estar siendo valorados por varios médicos a la vez.
Es frecuente que se asocien síntomas depresivos y ansiosos.
Se cree que para estos pacientes los síntomas médicos
son un modo de comunicar sus conflictos y emociones, y como tales
se deben manejar. Dado que estos pacientes son frecuentadores simultáneos
de varios médicos o servicios sanitarios, el primer paso
del tratamiento consiste en racionalizar el tratamiento por medio
de un solo médico, quien asumirá un tratamiento regular
y controlará los procedimientos diagnósticos según
una estricta indicación clínica, sin olvidar que estos
pacientes también pueden presentar patología médica
genuina32.
FACTORES PSICOLÓGICOS QUE AFECTAN AL ESTADO FÍSICO
En el DSM-IV-RT se define un epígrafe de Factores Psicológicos
que Afectan al Estado Físico. Este término sustituye
al más tradicional y manido de "psicosomático"
y en él se incluyen aquellos trastornos en los que se observa
que los factores psicológicos influyen negativamente en la
enfermedad médica (en estos trastornos sí que es posible
diagnosticar una enfermedad médica, a diferencia de los trastornos
somatomorfos). Se observa una íntima relación temporal
entre los factores psicológicos y el desarrollo o exacerbación
de la enfermedad médica y el retraso en su recuperación.
Los factores psicológicos que pueden afectar a las enfermedades
médicas son de muy diversa índole: los trastornos
mentales (entre los que por supuesto se encuentra la depresión),
la personalidad, las conductas desadaptativas, y otros factores
no estrictamente psicológicos como los sociales o personales
(p. ej., componentes de renta).
Existen estresantes específicos e inespecíficos, de
manera que interfiriendo con los niveles de ansiedad, provocarían
reacciones fisiológicas que, en función de la vulnerabilidad
predispondrían a estos trastornos. Estas reacciones podrían
involucrar al sistema hormonal hipófiso-adrenal, al sistema
nervioso autónomo o al sistema inmunitario, todos ellos involucrados
de una u otra manera en las hipótesis etiopatogénicas
de la depresión y la ansiedad. De entre los trastornos de
este grupo destacan el colon irritable, en el que predominan síntomas
ansioso-depresivos, con una comorbilidad del 38% con la depresión
mayor33 y la distimia34. En algunos trastornos cardiovasculares,
especialmente en el infarto de miocardio, se relacionó el
índice de supervivencia con la presencia de depresión
mayor postinfarto35.
En cuanto al manejo, además del tratamiento del cuadro ansioso
o depresivo, será necesario centrarlo en procedimientos como
técnicas de modificación de conducta, de relajación
muscular, biofeedback, respiración controlada o la fisioterapia.
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Trastornos
depresivos en la infancia y adolescencia
J.
Royo
Psiquiatra. Hospital de Día Infanto-Juvenil de Salud Mental
"Natividad Zubieta". Servicio Navarro de Salud. Pamplona.
INTRODUCCIÓN
Los trastornos afectivos (trastorno depresivo mayor, distimia y
trastorno bipolar) que comienzan en los años de la infancia
y la adolescencia se caracterizan por unas tasas familiares más
altas de enfermedad afectiva que cuando los trastornos afectivos
comienzan en edades más tardías, así como por
unas tasas altas de enfermedades asociadas (en especial, trastornos
de la conducta, ansiedad y déficit de atención), por
un curso cr& |